HACÍA UNA EDUCACIÓN QUE DESPIERTE NUEVAS PASIONES

domingo, 20 de noviembre de 2016
Comparto un fragmento del transformador artículo sobre el mundo educativo, por Cristina Romero  -maestra de educación especial, psicomotricista y logopeda- e ilustrado por Sara Maese publicado en la Mooi 02. 

A día de hoy, cuando tanto se habla de derogar la LOMCE, pactos educativos, fracaso escolar, abusos y demás sin sentidos, es un buen momento para abrir la mente a los cambios, y re-conectar con la vida. ¿En qué momento dirías que nos des-conectamos?


¿Cuál dirías que es la esencia de la educación?

No me gusta la palabra educación, que pone el acento en que el adulto enseña y no en que es el niño el que aprende… Aunque realmente es una palabra que define muy bien lo que -con toda la buena intención- se hace hoy día con los niños… La palabra educar viene de ducere que a su vez proviene de una raíz indoeuropea que significa guiar o conducir. Educare en latín significa también alimentar, llenar de conocimientos al alumno, que es alimentado… 

Pero los niños no necesitan ser alimentados pasivamente de los conocimientos que otros elijan. Necesitan recuperar el placer, que les venía de serie, de aprender. Y para ello necesitan recuperar su libertad y su conexión con la vida. 

Yo veo que todos los seres humanos sin excepción, encuentran placer aprendiendo de la vida, realizando conexiones, viviendo experiencias… y que cuando forzamos eso y lo dirigimos a nuestra voluntad, ponemos en riesgo ese disfrute interno que es el primer motor del aprendizaje. Me gustaría que les permitiéramos hacer el camino de regreso “de la obligación al placer” en las casas y en las Escuelas, porque sin darnos a penas cuenta, estamos extinguiendo ese placer, que es el primer motor del aprendizaje. 

En lugar de educar, yo prefiero usar la palabra acompañar. Me gusta ver al adulto como alguien que asiste en las necesidades que tienen los niños, que ofrece sin obligar, que propone, que atiende, que está disponible, incluso físicamente. Los niños no necesitan que les eduquemos, necesitan que les acompañemos con mucho amor y respeto, sin juicios. Esa sería la esencia.

¿Por qué es necesario un cambio de mentalidad para el futuro?

Necesitamos un cambio de mentalidad en el presente, ya, aquí y ahora, para poder construir un futuro más amable con la vida. Este mundo que hemos construido no está hecho en coherencia con lo que necesitamos para ser felices. Sin embargo la Escuela que conocemos y la educación que practicamos está enfocada a acostumbrar a los niños a este sistema tan desvitalizante, para que nada cambie. Para seguir construyendo adultos que no cuestionen nada y obedezcan. 

En conclusión, ¿sólo aprendemos aquello que amamos?

Cuando, atendiendo a su propia voz interior, un niño necesita, quiere, desea saber algo, se acerca a esa experiencia -con todo su ser- hasta agotar la necesidad de saber sobre eso. Y no nos preocupemos si llega más o menos lejos en su investigación sobre cualquier tema. Llegado el momento, con el fuego de la motivación interna, absorbe lo necesario de esa experiencia hasta saciarse. Y las conexiones neuronales que realice desde la propia motivación serán más ricas, duraderas y accesibles en el futuro. A diferencia de las conexiones exentas de pasión que pretendemos se produzcan forzadamente en nuestros alumnos, cansados, aburridos y desmotivados.


Realmente -para cambiar la educación- ¿necesitamos más reformas? ¿por qué tanto miedo a permitir el desarrollo natural de las niñas y niños?

Las reformas no modifican la estructura… Y es algo estructural lo que necesitamos cambiar… Primero necesitamos darnos cuenta del engaño que es el sistema educativo actual, que nos roba la infancia y la juventud con la promesa de un futuro mejor. Un futuro que empezamos a descubrir lo poco que está ligado a los títulos que hayamos coleccionado… Invertimos una valiosa parte de nuestras vidas para lograr un futuro mejor que nunca llega… Es tiempo de darnos cuenta de que los niños y los jóvenes merecen que les devolvamos el tiempo que les quitamos. Porque ellos, acompañados de personas que les quieran y les ayuden, serán capaces de aprender todo lo que necesiten para ser felices y para construir un mundo mejor. Pero nos da miedo la libertad… Como pájaros enjaulados toda una vida, tememos que nuestros polluelos abandonen la jaula…

Desconfiamos de la libertad por no conocerla, por habernos creído durante años que la libertad es sinónimo de gente egoísta perdiendo el tiempo. O que nuestros hijos no llegarán a nada en la vida si pueden elegir qué aprender… Es sólo miedo. Miedo a lo desconocido, miedo a no seguir el mismo camino que todos a nuestro alrededor siguen… Pero cada vez hay más familias y más Escuelas Libres por todo el mundo que apuestan por una infancia y una juventud en presente, feliz y conectada. Cada vez me escriben más familias contándome que se han leído mi libro “Una revolución en la Escuela” y han decidido no seguir con el sistema educativo tradicional. | ¡Hay mucho que deshacer y desaprender!

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