Tener un hijo no me convirtió en padre

sábado, 19 de marzo de 2016
Cuando descubrí que iba a ser padre, dos sentimientos muy intensos despertaron en mi. Por un lado una alegría inmensa -era lo que más me apetecía del mundo- y por otro, un sentimiento -enorme también - de agobio, al pensar: ¿Seré un buen padre? Ostras ¡ya no hay marcha atrás que valga! ;-)

Ilustración de Vireta


Parecía que nunca llegaría, pero por fin llegó el día. Y ahora pienso, que por más que hubiera asistido a todas las clases de preparación del mundo, haber leído y haberme imaginado cómo sería, hasta que no lo tienes en brazos por primera vez y lo conoces, aunque suene a tópico, no te puedes hacer ni una ligera idea de lo que es, de las emociones y los sentimientos que te invaden de lleno. Para mí, además supuso el encuentro con mis luces y mis sombras, ¡y de golpe! Qué difícil gestionarlo, aún estoy en ello y empiezo a asumir que posiblemente nunca lo haré. 

De hecho, tras despertar a mi nueva “realidad” y empezar entonces el camino para SER padre, todas mis ideas, todas las cosas que decía que iba a hacer, a permitir y no permitir, por dónde no iba a pasar, aquello que no toleraría para que no se “acostumbrase”, hasta la educación reglada que recibiría, se vinieron abajo de golpe. Y en esas me encuentro, procurando criar a dos hijos sanos… ¿Cómo? Dejando que me eduquen ellos a mí, un método infalible y un aprendizaje constante ;-) ¡Feliz día! (por Martín Montañés)

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