Soñando en diferido | OyeDeb!

lunes, 7 de diciembre de 2015
"Todo el mundo habla de perseguir los sueños, de hacerlos realidad, de que todo es posible si se intenta lo suficiente. Hace unos años yo leía estas frases y me quería morir. Pensaba "fantástico, el día en que tenga un sueño podré hacerlo realidad, pero mientras, ¿cómo se supone que tengo que elegir qué sueño es el mío?". 

No tenía vocación y prácticamente todo me interesaba, al menos durante unos días. O unas horas. O a veces unos minutos. Incluso cuando llevaba bastante tiempo metida en algo me decía "esto te gusta, llevas un tiempo haciéndolo y parece que todo va bien: ¿quieres seguir haciéndolo el resto de tu vida?” y la respuesta era siempre "ni de coña". Y así trabajo tras trabajo, idea tras idea, prueba tras prueba, sueño tras sueño. Todos a la basura.
Una, que si simplemente mi vida tenía que consistir en probar una cosa tras otra hasta que dejaran de hacerme ilusión, así tendría que ser. Lo que no iba a hacer era quedarme estancada con algo que no quería realmente.



La otra, que tenía que encontrar la forma de analizar mejor por qué hacía lo que hacía, cómo hacía lo que hacía y qué partes de cada experiencia tenían valor realmente para mí de forma que, poco a poco, pudiera ir afinando mi puntería y si bien quizás no iba a poder parar de saltar de cosa en cosa, al menos que cada cosa que probara fuera un poco mejor que la anterior, más cercana a mí, más mía. 

La primera me sirvió para tranquilizarme y dejar de creer que yo tenía algún tipo de defecto de fábrica. No me parecía un mal plan permitirme probar todo lo que quisiera probar. Entendí que eso también significaba que tenía mucha capacidad de aprendizaje, mucha curiosidad y muchos talentos, así que, ¿por qué tenía que ser algo tan malo? 

Me habían dicho que lo que uno tenía que hacer era centrarse en algo y hacerlo hasta morir de viejo, pero también podía ser diferente. También podía ser una especie de mujer del Renacimiento y tocar todos los palos que me diera la gana cuando me diera la gana. ¿Por qué no? ¿Quién lo impedía? Únicamente mis prejuicios. Una vez los tiré a la basura, pude avanzar con ligereza.



La segunda me sirvió para detenerme a tomar aire y reflexionar antes de lanzarme a la siguiente aventura. Ideé un sistema de análisis destinado a sacar el máximo de información posible de todo lo que yo era, hacía, quería y sentía. Y después de un largo proceso apareció una nueva idea, el pequeño germen de un sueño, que ni sabía dónde me iba a llevar ni cuánto me iba a durar ni si iba a dar resultado. Pero me di cuenta de que era mucho más yo que cualquier otra cosa que hubiera probado en el pasado, que cualquier otra idea que jamás se me hubiera ocurrido. La fui desarrollando en base a lo descubierto y a mis recién encontradas necesidades y fue creciendo muy pegada a mí, hasta dejar de ser un germen y convertirse en algo real. No en un sueño, sino en una realidad.

Como no tenía presión por hacer de ello "la cosa para el resto de mi vida" y como había dejado de juzgarme al respecto por no ser capaz de encontrar "la cosa para el resto de mi vida", acabó convirtiéndose en algo que bien podría ser la cosa para el resto de mi vida. La verdad, me encantaría que lo fuera. Pero si no lo es dará lo mismo, porque tendré la información que necesito para que la siguiente sea todavía mucho mejor, mucho más real, mucho más yo. 

Date permiso para que tu camino sea como quiera ser, y tómate en serio la recolección de información sobre ti misma. Juntos, estos dos ingredientes, te harán sentir más libre y realizada que cien mil sueños volando."
Artículo de Deborah Marín, OyeDeb! para Mooi magazine nº 0 "Ligeros de equipaje" ¡Que disfrutes del día! tal y como desees.

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