Lectura lenta para un mundo acelerado

viernes, 27 de noviembre de 2015
 
"Cae la noche y paseo completamente sola por las calles de mi ciudad con ese impermeable rojo que siempre quise tener y que me esperaba este verano en una tienda a 700 kilómetros de casa. Me esperaba, por fin, para decirme que puedo caminar bajo la lluvia en lugar de guarecerme de ella. Siento el agua resbalar por mi piel y digo adiós a las medias tintas. 

El otoño ha llegado para quedarse y yo me mojo más que nunca, sonrío y me apresuro a volver a casa. No tengo dudas de lo que haré en cinco minutos, cuando la puerta se cierra tras de mi y llegue a mi mundo, a ese mundo abisal que retrata Drexler en su canción y en el que todo pasa muy lentamente. No lo puedo evitar, la lluvia me lleva a los libros y los libros me conducen a mi misma.



El entusiasmo me agarra por dentro, el que nace una y otra vez con cada primera página de una nueva historia. Estoy segura que todas las mujeres pájaro aprendieron a volar con un libro entre las manos, que cada párrafo se transformaba en otro pedacito de ala y cada gota de lluvia ahí fuera, contenía una nueva enseñanza sobre el arte de planear sin límites.

En este momento el mundo es perfecto, el viento susurra tras los cristales de las ventanas, los perros ladran a lo lejos, los niños que hace unas horas hacían del parque su pequeño universo ahora sueñan con mañana. Su mañana es nuestro hoy y hoy huele a tierra mojada, a papel de libros nuevos, a té de cardamomo y jengibre y resuena en mi interior una frase con la que me topé ayer de repente: Tenemos la obligación de imaginar.

Me acomodo en el sofá con Paula de Isabel Allende entre mis manos y me olvido del mundo pero, a los diez minutos, con el primer tono de whatsapp y el primer pensamiento sobre tareas que me viene a la cabeza me doy cuenta de lo difícil que es, a veces, cultivar el hábito de la lectura lenta en un mundo acelerado. Estímulos, sobreinformación, interrupciones, tecnología que nos aleja de lo esencial creando un clima en que concentrarse y disfrutar se convierte en un auténtico reto. 

La lectura por placer es un ritual, un verdadero elogio a la lentitud pero ¿Se ha convertido imaginar y leer sin prisas en una tarea en peligro de extinción? Yo creo que nada de esto se ha perdido, que sólo tenemos que volver a conectar con ello. Los clubes de lectura lenta triunfan y se extienden por todo el mundo. Sólo se trata de volver a conectar con nosotros, de saltar en los charcos, de fluir y dejar contagiarnos por la vida que hay dentro de los libros y las historias dignas de novelas que existen en la realidad. 

Este otoño tenemos, más que nunca, la obligación de imaginar porque cuando leemos e imaginamos dejamos de hacer y somos. Por eso tenemos que releernos y revivirnos, como siempre, muy despacio. ¿Te apuntas?"

Texto de Mamen Pérez de Universo Flow y fotos de Gema Espinosa para Mooi magazine nº 0
P.D. ¡Recordad! Gema sortea un ejemplar, mañana termina el plazo. Si aún no lo has hecho, y te apetece, puedes apuntarte aquí. ¡Disfruta del fin de semana!

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